Los montes, mis espaldas

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 25/05/2011 a las 10:29 PM

Apoyándonos en el monte

Soñaremos de pies a cabeza los senderos

Las palmas, los ripios, las hojas, las noches

Descenderemos de las nubes hasta tocar el rio

Apoyándonos en el monte se nos muere al aburrimiento

 

Y con zapatos de cuero manchados de verde

Caminamos el fresco del ayer, la muerte de mis amigos

Las nubes alteran nuestros nervios y nos ponen románticos

Así se caen nuestras vidas

Apoyándonos en el monte de nubladas espinas

 

De dolores, de mareos

El canto huele a rosa en raimientos furores

Palpados apogeos, vertientes de lana y leche

Soñadoras de trasteos se acercan las

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El poeta y su fracaso, el poema

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 27/10/2010 a las 04:53 PM

El poeta quiso sacar la hambruna de sus poemas

Quiso sacar también el frio y los moretones,

Los pañuelos blancos y las cajas de vino

No quiso despedirse de los llantos ni de las ventanas

Pues estas palabras metafóricas y siniestras

Le dieron larga vida a sus poemas

 

Se libró de los llantos y de las risas

Y de las telas de los pantalones más poéticos

El poeta eliminaba fragmentos y versos

Sacaba de sus poemas las materias muertas,

Los vejestorios infértiles de las palabras secas

 

Enemistado de ellas creyó matarlas

Pensó que sus manos estrujaron la hoja junto al

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Risa, mujer de piel

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 19/09/2010 a las 03:43 PM

Alégrate mujer vanidosa

Exordio de bravura, de grotesca dama

De condones  espurios

 

Celosa del taco aguja trovador de calles,

Esas camisas ya fueron abiertas

Ya no hay luces, ya no hay aguas

Pareces huir

 

Delatada por tus huesos mártires,

Por tus huesos de indomable fuga, chúcaros

De grotescas tempestades en los vibrados del deseo

 

En años donde el sol arrugaba tu frente

Donde las ideas eran duras de quebrar

Envejecías temprano

Te adormecías

Alégrate ahora

 

Puedes ser rival de mis nudillos

Y no te sentirías desnutrida

Alégrate por eso mujer huesuda

De morados parpadeos

 

Puede otro bailar en tus senos

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Me prometiste el verso

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 05/09/2010 a las 08:31 PM

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 Me prometiste el verso

en la mente encendida

en el infierno

donde se fragua el verso

de dónde lo saca

 

maldita mujer de lechos

eslabón de poesía.

Ahora que se hace eterno

cáncer perpetuo de mentiras

tú no estas sola

si no es un plagio

debe ser satán que te habla al oído.

 

Me prometiste el verso

y no hago más que hacer historia

que hablar de política,

maldiceme tú también

desnucame

podría ser esa la poesía

podría el odio ser el verso

porque un canto de cuna te

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Femenino del poema

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 26/08/2010 a las 11:22 PM

No podría golpearte mujer vacía

De mis manos caerían hojas

Otras fueron las negras mansas

Otras fueron las tibias

No podría, mujer rugosa

De tu espalda las heridas

Mugrientas esquinas

de papel tinadas y finas

No podría el poemario

Sin ti mujer blanca

Mujer liza, doblada de ira

Con tu genero jugaré

Del papel a la hoja

Femenina, mujer floja

Roció de tinta china.

Breve historia carmínica

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 02/08/2010 a las 11:14 PM

Figura de sauvignon, acidez de dulzura

De tronado resplandor encarnaste mis desvelos

Una verde llamarada en los labios

Un cordero en la hambruna

Soltura de mis lamentos mansos como cielos,

Como si en la pintura que mese tus ojos

Como el beso húmedo  del color rojo

Doncellas tus arrugas frente a tus miedos,

Y pienso que me ignoras frente a la moda

Que el rubro de mis palabras no te toca

O que soy un estúpido salvando al mundo,

No me importa si eres la patria o el mismo Cristo

Se enteraran de eso tus piernas

Afiladas, congeladas en el

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Ante el paso de los días

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 07/07/2010 a las 12:56 PM

Al galope de los días vas temblando

Futuro de calicantos en las presas vivas

Derroche de rebeldía y de pies gastados

No me espantas los pasados ni los nuevos días

Y ni al Cristo ya enterrado que hace años lo ponía

Resucitas con pecado para verme arrepentido

De ver santos los destinos que preparo con mis puños

O de ver que mis heridas, salvaciones de mi pueblo

Han perdido el sufrimiento por querer salvar más vidas

Derramado va el futuro por las calles de mi barrio

Anegando la esperanza del negocio de la esquina

También se metió en los llantos

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El estúpido de ojos fusiles

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 05/06/2010 a las 11:23 PM

El estúpido de ojos fusiles no se arrodilla

Tan estúpido que su frente pareciera ya sangrarle

Y en sus pies la peste le aflora como verde musgo

Carabinado es su consuelo de ganarse la gloria

Entre vegestejos de traidora consecuencia

¿y que tan traicionado será él cuando

el murmullo de la muerte condecorada

atraviese sus pálidos recuerdos?

que estúpido es su aliento guardado de miedo

no se da cuenta que las palabras lo golpean

¡Está demente!, ¡está estresado!, ¡está enamorado!

un alma suicida está siendo grabada

un héroe estúpido es observado

¡Quién tomaría su lugar hijos de Dios!

el padre

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Me atrevo desarmado

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 30/05/2010 a las 01:45 AM

Me atrevo, con voz ronca y mascullada

Con desvelo y epiléptico

Soy más agudo en mi atrevimiento

Soy arruga entre tu piel

Ahí me atrevo desarmado

De migaja o de papel

De lo que tú quieras ser

 Yo desarmo mis encantos

Y mis versos yo desarmo

Yo desarmo un dios sin luna

O una luna sin su miel

Me desarmo hasta al revés

Que parezco travesura

Yo me atrevo en tu cintura

Aunque luego sea cruel

Desarmado es mi atrever

Dentro y fuera de la cuna

Desarmada fue esa angustia

De atreverme en tu nacer

La menstruación de las monjas

Enviado por sebastian eduardo valenzuela zura el 26/04/2010 a las 03:45 PM

 La menstruación de las monjas paralizó mis ojos

Encendidos como antorchas, como hogueras

Como cuando se rompe la providencia

Las monjas menstruaron y veía en ellas la muerte penosa

Se les acercaba lenta, no pertenecía a nuestro monacato

Dejaba sus huellas rojas sobre las piedras

Las mismas piedras sangradas, manchadas de pecado

Ahí, donde las monjas menstruaron se nos manchó la niñez.